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El control lípidico del paciente con ERC, clave para evitar complicaciones

Los diagnosticados con esta patología presentan un alto riesgo cardiovascular, además de unos niveles de lípidos proaterogénicos, lo que obliga a controlar y, cuando proceda, disminuir el LDL-colesterol.

Es conocido que el paciente con enfermedad renal crónica (ERC) presenta diversas complicaciones asociadas, no solo a nivel renal sino también en su salud cardiovascular. Este factor, de hecho, supone una de las principales características asociadas, además a un perfil lipídico proaterogénico (que puede conllevar mayor riesgo de trombos, entre ...

Es conocido que el paciente con enfermedad renal crónica (ERC) presenta diversas complicaciones asociadas, no solo a nivel renal sino también en su salud cardiovascular. Este factor, de hecho, supone una de las principales características asociadas, además a un perfil lipídico proaterogénico (que puede conllevar mayor riesgo de trombos, entre otros eventos) que incluye peculiaridades como el síndrome nefrótico o triglicéridos muy alterados.

Y su relevancia en la práctica clínica ha sido este domingo objeto de análisis durante el 52º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.) de Granada. María Ángeles Goicoechea Diezhandino, del Hospital Universitario Gregorio Marañón (Madrid), ha impartido una ponencia dedicada a las alteraciones lipídicas en este perfil de paciente renal.

Como ha desgranado, el control o la disminución de LDL-colesterol en ERC dependerá del estadio en el que se encuentre cada persona. Así, si bien es "una de las acciones preventivas con mayor evidencia en la disminución de riesgo cardiovascular en la población general", el uso farmacológico de estatinas no se ha probado beneficioso para estadios avanzados (4 o superior). Por lo general, pacientes en diálisis; estas ventajas llegan a ser "modestas" en el mismo tipo de pacientes sin dializar.

Según las guías europeas, los pacientes con ERC tienen un alto riesgo cardiovascular, siendo "muy alto" en estadio 4. Por tanto, el objetivo del nefrólogo es conseguir "una reducción de más del 50% de LDL basal". Esta meta parece alcanzarse actualmente solo con "altas dosis de estatinas o en combinación con ezetimiba", ha planteado, dejando como última vía la inclusión de nuevos fármacos.

Entre los que están los inhibidores de proproteína convertasa subtilisina/kexina tipo 9 (iPCSK9). Si bien los estudios realizados con estos medicamentos aún son recientes y, por ejemplo, no se han comprobado en estadios avanzados, demuestran una "eficacia, seguridad y un grado de reducción de eventos cardiovasculares similares a los observados en la población general". Por este motivo, Goicoechea ha referido que este tratamiento está indicado en pacientes con ateromatosis y enfermedad arterial periférica, patologías hacia las que tienen mayor prevalencia los pacientes con ERC.

Por tanto, el mejor (y único) tratamiento que puede reducir la lipoproteína o Lp(a) es el basado en iPCSK9. Si bien, se espera que en un futuro próximo otros fármacos como inclisiran (que, quizá, en un futuro se pueda acabar administrando como una vacuna) o el ácido bempedoico (cuyo principal efecto secundario es la hiperglicemia) están siendo estudiados para conocer sus beneficios sobre la reducción del riesgo cardiovascular en pacientes renales crónicos.

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