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El estrés deja huellas permanentes en el cerebro

Los resultados de un reciente estudio realizado por investigadores alemanes podría abrir nuevas vías para un diagnóstico precoz y una terapia mejorada para enfermedades relacionadas con el estrés.

El estrés deja huellas en el cerebro, posiblemente permanentes, según concluye un reciente estudio realizado en la Universidad de Bonn (Alemania) en el que también se ha detectado su efecto negativo relacionado con la movilidad. Los investigadores utilizaron ratones como animales de prueba, algunos de los cuales expusieron a una situación ...

El estrés deja huellas en el cerebro, posiblemente permanentes, según concluye un reciente estudio realizado en la Universidad de Bonn (Alemania) en el que también se ha detectado su efecto negativo relacionado con la movilidad.

Los investigadores utilizaron ratones como animales de prueba, algunos de los cuales expusieron a una situación estresante durante unos días. Mientras tanto, utilizaron un método de microscopía especial para tomar fotografías de los cerebros de los roedores. Se centraron en partes de la corteza cerebral que son responsables del control motor y del aprendizaje de nuevos movimientos.

Y es que las personas con estrés crónico, a menudo, muestran anomalías en su movilidad, como un control motor más deficiente. Sin embargo, se ha investigado poco sobre cómo se producen estos síntomas. "Investigamos esta pregunta en nuestro estudio", apunta el Dr. Valentin Stein del Instituto de Fisiología II de la Universidad de Bonn.

Según se expone en el estudio, publicado en la revista ´Translational Psychiatry´, estos investigadores hallaron algo inusual: después de la situación estresante, las neuronas bajo estudio perdieron parte de sus sinapsis: estos son los contactos con otras células nerviosas. Durante los procesos de aprendizaje, generalmente se forman nuevas sinapsis o se fortalecen las existentes. En cambio, los roedores estresados ​​perdieron hasta el 15 por ciento de sus contactos.

Al mismo tiempo, los animales desarrollaron déficits de aprendizaje motor. Se hizo una prueba con estos ratones que tenían que tratar de agarrar una bolita de comida con una pata y llevársela a la boca para lo cual, normalmente, usan ambas patas. El grupo de control sin estrés tuvo una tasa de éxito del 30 por ciento después de cinco días. Sin embargo, los roedores estresados ​​solo lograron tomar la comida en cada décimo intento.

Los ratones muestran sensibles diferencias frente al estrés. Algunos de ellos apenas desarrollan anomalías después de unos días de estrés; se los considera resistentes. Sorprendentemente, estos animales robustos tenían dificultades similares para aprender a agarrar con una mano que sus congéneres más sensibles. "Quizás, por lo tanto, las pruebas motoras son muy adecuadas para reconocer trastornos relacionados con el estrés, como la depresión, antes de que aparezcan otros síntomas", según señaló el Dr. Valentin Stein.

Pérdida de sinapsis

El número de sinapsis también disminuyó después del evento de estrés en animales resilientes. Sin embargo, a diferencia de sus congéneres sensibles al estrés, las neuronas afectadas se recuperaron: después de una semana y media, el número de sinapsis volvió a ser similar al anterior al evento de estrés y comparable al de los animales de control no estresados. "Sin embargo, bien puede ser que el estrés psicológico también les deje marcas duraderas si ocurre demasiado tiempo o con demasiada frecuencia", teme Stein.

Los investigadores también tienen pistas sobre qué desencadena la pérdida de sinapsis: ciertas células inmunitarias, la microglía, se activaron en el cerebro del roedor. Se encuentran entre las llamadas células carroñeras y pueden, por ejemplo, digerir patógenos o células defectuosas. Pueden estar "armados" por el estrés y luego atacar los puntos de contacto.

El grupo de trabajo también examinó el líquido que se lava alrededor del cerebro y la médula espinal. Encontró ciertas proteínas que normalmente se pueden detectar allí en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer.

"Creemos que las enfermedades psiquiátricas relacionadas con el estrés, como la depresión, también están asociadas con la descomposición de las células nerviosas", según indicó, por su parte, la Dra. Anne-Kathrin Gellner, de la Clínica de Psiquiatría y Psicoterapia del Hospital Universitario de Bonn. "El estrés constante, al que los niños están cada vez más expuestos, puede causar daños graves al cerebro", alertó.

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