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Los médicos siempre van con retraso

En la sanidad pública esto es debido a una gestión externa y a una saturación del sistema que obliga a admitir a pacientes fuera de agenda de forma sistemática.

Por el Dr. Frederic Llordachs, cofundador de Doctoralia Los médicos de todo el mundo sufren el mismo problema, que es angustiante y parece inevitable: no son dueños de su tiempo. En realidad, la disponibilidad de horas para atender a pacientes en sus consultas, tanto si pertenecen a la sanidad pública como ...

Por el Dr. Frederic Llordachs, cofundador de Doctoralia

Los médicos de todo el mundo sufren el mismo problema, que es angustiante y parece inevitable: no son dueños de su tiempo. En realidad, la disponibilidad de horas para atender a pacientes en sus consultas, tanto si pertenecen a la sanidad pública como a la privada, les viene impuesta de una forma u otra. En la sanidad pública esto es debido a una gestión externa y a una saturación del sistema que obliga a admitir a pacientes fuera de agenda de forma sistemática.  

En la sanidad privada, por otro lado, y como respuesta al vicio de muchos pacientes de no acudir a la consulta a pesar de estar citados, se ha generado un mecanismo de overbooking por el que una misma hora es otorgada a 2 o 3 pacientes. De este modo se intenta evitar que, cuando hay un clásico Barça-Madrid o está lloviendo a cántaros, el médico tenga la consulta vacía. El efecto no deseado es que, cuando acude todo el mundo a la hora que le toca, las esperas se hacen eternas y generan una sensación de malestar en los pacientes, que consideran que su tiempo es tan valioso como el del médico.  

Esto ya ha llevado a pacientes de EE.UU. a denunciar a médicos, solicitándoles indemnizaciones por su tiempo, basándose en el compromiso adquirido y en el coste de oportunidad. Estamos hablando de indemnizaciones que pueden alcanzar de 500 a 1000 dólares por esperas de 2 y 3 horas.  

Una buena gestión de la sala de espera, ya sea de forma presencial o virtual mediante herramientas de contacto online, minimizaría este malestar al darle al paciente el dominio sobre su tiempo. Bastaría, sencillamente, con avisar a los pacientes en las salas de espera sobre las demoras, o bien enviarles un e-mail/SMS informándoles de las mismas. El paciente podría aprovechar así estas demoras para tomarse un café o encontrar un aparcamiento tranquilamente.  

Del mismo modo, sigue presente el problema de los pacientes que no acuden a las consultas. Los recordatorios por SMS o correo electrónico que desde hace tiempo se han ido empleando tienen un efecto limitado, por lo que algunos especialistas apuntan a aplicar un copago sancionador a los pacientes que no acudan a sus citas, tanto en la sanidad pública como en la privada. La solución está en manos del asegurador (tanto público como privado). En el privado lo único que podemos hacer los profesionales es advertir a los pacientes que en futuras ocasiones no serán atendidos.  

Ante todo y por encima de todo, lo que debemos hacer ante este problema crónico es mantener la coherencia: no exijamos al paciente, como profesionales, algo que nosotros mismos no podamos cumplir.

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