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La inflamación crónica puede reducir la producción de leche en madres lactantes

La inflamación puede tener un impacto negativo en la producción de leche al impedir la absorción de los ácidos grasos en las glándulas mamarias productoras de leche.

23/12/2022

La evidencia científica ha demostrado que muchos factores contribuyen a la disminución de la lactancia materna, incluidas las presiones laborales y la falta de apoyo social. Pero son los problemas físicos para producir suficiente leche los que se citan como una de las razones más comunes por las que las ...

La evidencia científica ha demostrado que muchos factores contribuyen a la disminución de la lactancia materna, incluidas las presiones laborales y la falta de apoyo social. Pero son los problemas físicos para producir suficiente leche los que se citan como una de las razones más comunes por las que las madres dejan de amamantar antes de lo planeado.

Ahora, un nuevo estudio realizado por investigadores de Penn State y la Universidad de Cincinnati (EEUU) sostiene que la inflamación en madres lactantes con obesidad puede contribuir a la reducción de la producción de leche. Durante décadas, se ha demostrado que este grupo de mujeres corre un mayor riesgo en cuanto a la duración de la lactancia materna. Este estudio proporciona pistas sobre los mecanismos que pueden explicar dicha situación.

Para probar esta hipótesis, Rachel Walker, becaria postdoctoral en ciencias de la nutrición en Penn State, dirigió un equipo de investigadores que analizó si la inflamación impedía la absorción de ácidos grasos. Los investigadores analizaron la sangre y la leche de un estudio realizado en el Hospital Infantil y la Universidad de Cincinnati.

En un estudio previo, los investigadores habían reclutado a 23 madres que tenían una producción de leche muy baja a pesar del vaciado frecuente de los senos (que es la práctica médica estándar para aumentar la producción de leche), 20 madres con una producción de leche moderada y otras 18 que estaban amamantando exclusivamente y servían como grupo de control para el estudio.

En esta ocasión en el trabajo, publicado en ´The Journal of Nutrition´, los investigadores analizaron los perfiles de ácidos grasos y marcadores inflamatorios tanto en la sangre como en la leche materna.

En comparación con las de los grupos de producción de leche moderada y lactancia exclusiva, las madres con producción de leche muy baja tenían una obesidad y marcadores biológicos de inflamación sistémica significativamente más altos. También tenían proporciones más bajas de ácidos grasos de cadena larga en la leche materna y una asociación interrumpida entre los ácidos grasos de la sangre y la leche. Los ácidos grasos de la leche y la sangre estaban fuertemente correlacionados en los controles, pero no en los grupos de producción de leche muy baja o moderada.

"La ciencia ha demostrado repetidamente que existe una fuerte conexión entre los ácidos grasos que se ingieren y los ácidos grasos en sangre", indicó la Dra. Walker. "Si alguien come mucho salmón, encontrará más Omega-3 en su sangre. Si otra persona come muchas hamburguesas, encontrará más grasas saturadas en su sangre".

"Nuestro estudio fue uno de los primeros en examinar si los ácidos grasos en la sangre también se encuentran en la leche materna", continuó Walker. "Para las mujeres que amamantan exclusivamente, la correlación fue muy alta; la mayoría de los ácidos grasos que aparecían en la sangre también estaban presentes en la leche materna. Pero para las mujeres que tenían inflamación crónica y luchaban con la producción de leche, esa correlación desapareció casi por completo. Esta es una fuerte evidencia de que los ácidos grasos no pueden ingresar a la glándula mamaria en mujeres con inflamación crónica".

"Esta investigación nos ayuda a comprender lo que podría estar sucediendo en las madres con alto peso e inflamación, lo que en el futuro podría conducir a intervenciones o tratamientos que permitan que más madres que quieran amamantar lo hagan", manifestó Alison Gernand, profesora asociada de ciencias nutricionales en Penn State, mentora posdoctoral de Walker y coautora de esta investigación.

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