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La ingesta diurna de alimentos muestra efectos metabólicos beneficiosos en adultos con diabetes tipo 2

La diabetes tipo 2 se ha convertido en una de las enfermedades metabólicas más comunes a nivel mundial, que causa más de 1,5 millones de muertes al año, según datos de la OMS.

Mantener un protocolo de nutrición restringida en el tiempo, que limita la ingesta de alimentos a una franja de tiempo máxima de 10 horas, muestra resultados prometedores efectos metabólicos beneficiosos en adultos con diabetes tipo 2 (DT2), según se afirma en un estudio difundido en la publicación oficial de la ...

Mantener un protocolo de nutrición restringida en el tiempo, que limita la ingesta de alimentos a una franja de tiempo máxima de 10 horas, muestra resultados prometedores efectos metabólicos beneficiosos en adultos con diabetes tipo 2 (DT2), según se afirma en un estudio difundido en la publicación oficial de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD, por sus siglas en inglés), y realizado por el prof. Patrick Schrauwen, Charlotte Andriessen y colegas de la Escuela de Nutrición e Investigación Traslacional en Metabolismo de NUTRIM, Centro Médico de la Universidad de Maastricht, Países Bajos.

En el estilo de vida actual, hay disponibilidad ilimitada de alimentos y un ritmo interrumpido del día y la noche provocado por patrones irregulares de sueño y actividad y exposición frecuente a fuentes de luz artificial. En los países occidentales, las personas también tienden a repartir su ingesta diaria de alimentos durante un mínimo de 14 horas. Estos y otros factores contribuyen al desarrollo de la DT2, que se ha convertido en una de las enfermedades metabólicas más comunes a nivel mundial, y que causa más de 1,5 millones de muertes al año, según la Organización Mundial de la Salud.

Dicho protocolo de alimentación restringida se trata de una estrategia novedosa para mejorar la salud metabólica con el objetivo de contrarrestar los efectos perjudiciales de comer durante el día al limitar la duración de la ingesta de alimentos (generalmente 12 horas o menos) y restaurar el ciclo de alimentación diurna y ayuno prolongado durante la noche y noche.

Los investigadores reclutaron a 14 personas con DT2 para el estudio, con edades entre 50 y 75 años (7 hombres, 7 mujeres, edad promedio 67,5 años) e índice de masa corporal (IMC) ≥25 kg/m 2 . El estudio consistió en dos períodos de intervención de 3 semanas: protocolo de nutrición restringida y control (CON), separados por un período de lavado de al menos 4 semanas. Al comienzo de cada intervención, a los participantes se les midió el peso corporal y se les colocó un dispositivo de monitoreo continuo de glucosa (MCG), que midió su nivel de azúcar en la sangre cada 15 minutos. Se les indicó que mantuvieran sus patrones normales de sueño y actividad física, y que mantuvieran un peso estable. Se utilizó un diario de alimentación y sueño completado durante la primera intervención para garantizar que la dieta durante el segundo período fuera similar tanto en cantidad como en calidad.

Durante el protocolo, se indicó a los participantes que consumieran su dieta normal dentro de un período de 10 horas durante el día y que completaran su ingesta de alimentos a más tardar a las 6:00 de la tarde. Fuera de este período de tiempo, se les permitió beber agua, té o café solo, y también se permitieron refrescos sin calorías durante la noche si se consumían con moderación. Durante el control, los voluntarios solo debían repartir su ingesta normal de alimentos durante al menos 14 horas, sin otras restricciones.

La ventana de alimentación para dicha estrategia mostró un promedio de 9,1 horas en comparación con 13,4 horas en control, mientras que los patrones de sueño y vigilia fueron similares en cada caso, con duraciones medias de sueño de 8,1 horas y 8,0 horas respectivamente. La masa corporal media fue comparable al comienzo del protocolo y control, y aunque se indicó a los voluntarios que mantuvieran un peso estable, se produjo una pérdida de peso pequeña pero estadísticamente significativa en respuesta a protocolo pero no a control.

Se encontró que el protocolo de nutrición restringia disminuía los niveles de glucosa en 24 horas, principalmente como resultado de un nivel de azúcar en sangre nocturno más bajo, y el tiempo promedio pasado con glucosa en sangre en el rango normal aumentó a 15,1 horas frente a 12,2 horas durante la fase control La glucosa matutina en ayunas fue consistentemente más baja entre el grupo participante en el protocolo que aquellos con la dieta de control, lo que podría haber sido el resultado de cambios duraderos en el control nocturno de la glucosa. El tiempo pasado en hipoglucemia (nivel bajo de azúcar en la sangre) no aumentó significativamente con el protocol y no se informaron efectos adversos graves como resultado del protocolo, lo que demuestra que una ventana de alimentación de aproximadamente 10 horas es una intervención de estilo de vida segura y eficaz para adultos con DT2.

El equipo advierte que se necesitan estudios futuros para revelar si la duración del período de ayuno es realmente crucial para determinar los efectos positivos sobre la sensibilidad a la insulina.

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