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Las ondas electroquímicas masivas en el cerebro hacen saltar la alarma sobre un accidente cerebrovascular isquémico inminente

Más de la mitad de los pacientes que han sufrido una hemorragia subaracnoidea grave desarrollarán un ictus isquémico en las dos primeras semanas después de que se produjera dicha hemorragia.

Investigadores del hospital alemán Charité -Universitätsmedizin Berlin (Alemania) han logrado demostrar que las ondas electroquímicas masivas en el cerebro actúan como un marcador que avisa sobre un accidente cerebrovascular isquémico inminente. La monitorización de estas ondas permite a los médicos identificar de forma precoz los signos de un ictus inminente, sobre ...

Investigadores del hospital alemán Charité -Universitätsmedizin Berlin (Alemania) han logrado demostrar que las ondas electroquímicas masivas en el cerebro actúan como un marcador que avisa sobre un accidente cerebrovascular isquémico inminente.

La monitorización de estas ondas permite a los médicos identificar de forma precoz los signos de un ictus inminente, sobre todo en pacientes en coma que reciben cuidados intensivos tras una hemorragia subaracnoidea, un tipo de accidente cerebrovascular consistente en la aparición de una hemorragia en el espacio entre las membranas protectoras que rodean el cerebro. Más de la mitad de los pacientes que han sufrido una hemorragia subaracnoidea grave desarrollarán un ictus isquémico en las dos primeras semanas después de la hemorragia cerebral.

Los hallazgos de los investigadores, recogidos en la publicación ´Brain´, podrían servir de base para el desarrollo de nuevos tratamientos, una vez detectado el biomarcador que indica que un paciente tiene un alto riesgo de sufrir un ictus inminente tras dicho tipo de hemorragia.

En realidad es difícil predecir cuándo puede desarrollarse un nuevo ictus, sobre todo en pacientes que están en coma y, por tanto, no pueden decirnos nada sobre su estado de salud. "En nuestro estudio, hemos demostrado que la monitorización electrodiagnóstica hace visible este momento. Esto significa que el tratamiento puede iniciarse a tiempo, incluso en pacientes comatosos, antes de que sea demasiado tarde", afirma el primer autor de este trabajo, el prof. Jens Dreier, del Centro de Investigación del Ictus de la Charité.

"Despolarización en expansión"

El descubrimiento realizado por el profesor Dreier y su equipo se basó en un fenómeno conocido como "despolarizaciones en expansión", ondas masivas de liberación de energía electroquímica causadas por los subproductos tóxicos de la descomposición de la sangre tras un ictus hemorrágico. Las zonas afectadas del cerebro necesitan grandes cantidades de energía para restablecer las condiciones normales. En un cerebro sano, los periodos muy breves de despolarización (un cambio en el potencial de la membrana) de las células nerviosas son normales y están relacionados con el suministro de sangre: el cerebro puede ensanchar los vasos sanguíneos según sea necesario, equilibrando así el aumento de las necesidades de energía con un aumento del flujo sanguíneo.

Sin embargo, tras una hemorragia subaracnoidea, las despolarizaciones patológicamente masivas y de larga duración pueden interrumpir las cascadas de señalización entre las células nerviosas y los vasos sanguíneos, de modo que la despolarización de las células nerviosas desencadena una constricción extrema de los vasos sanguíneos. Esto, a su vez, priva a las células nerviosas de energía, haciéndolas incapaces de restaurar los gradientes electroquímicos normales. Si la despolarización persiste durante mucho tiempo, estas células nerviosas comienzan a morir.

El estudio clínico, que se llevó a cabo con la participación de cinco hospitales universitarios diferentes, reveló que el paciente medio pierde 46 mililitros de tejido cerebral durante la fase inicial tras la hemorragia cerebral, es decir, en el momento en que llega al hospital. A continuación, el paciente medio pierde otros 36 mililitros de tejido cerebral durante las dos primeras semanas tras la hemorragia, es decir, mientras está en cuidados intensivos.

"La monitorización electrodiagnóstica nos permite identificar los derrames cerebrales en desarrollo en una fase en la que el proceso aún puede revertirse y modificarse. Por lo tanto, las despolarizaciones pueden servir de biomarcador en tiempo real. Esto nos permite iniciar medidas de tratamiento tempranas y adecuadas en los pacientes que se encuentran en riesgo de sufrir un nuevo ictus. Del mismo modo, evita que se administren medicamentos adicionales a personas que no corren riesgo de sufrir un nuevo ictus. Así se evitan posibles efectos secundarios", según el profesor Dreier.

Los investigadores planean probar el monitoreo de la despolarización extendida como un sistema de alerta temprana para su uso en la práctica clínica de rutina, donde esperan que ayude a mejorar las opciones de tratamiento para las personas con accidente cerebrovascular. Es probable que los métodos basados ​​en inteligencia artificial desempeñen un papel importante en este sentido. El análisis automatizado de los datos de electrodiagnóstico será necesario para garantizar que los médicos de cuidados intensivos reciban una notificación en tiempo real cuando el tejido cerebral de un paciente inconsciente esté en riesgo de sufrir más daños.

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