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Aplicaciones tecnológicas para mejorar la salud mental

Alejandro Porras Segovia, investigador clínico en el Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz, ha afirmado que las conductas suicidas "disminuyeron durante el confinamiento. Durante las guerras el comportamiento suicida disminuye, porque la gente está preocupada por sobrevivir. Cuando cesa el conflicto, en la posguerra, todas las secuelas vuelven y llegan incluso a incrementarse los datos de suicidio".

El XXIV Congreso Nacional de Psiquiatría en el Palacio de Congresos de Valencia ha arrancado este viernes con un simposio sobre la "aplicación de las nuevas tecnologías en salud mental: desde el screening hasta la intervención". Mª Luisa Barrigón Estévez, psiquiatra en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid), ha afirmado ...

El XXIV Congreso Nacional de Psiquiatría en el Palacio de Congresos de Valencia ha arrancado este viernes con un simposio sobre la "aplicación de las nuevas tecnologías en salud mental: desde el screening hasta la intervención".

Mª Luisa Barrigón Estévez, psiquiatra en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid), ha afirmado que sea implementado la realidad virtual como una herramienta para la exploración en salud mental. Ejemplo de ello es la App MeMind, cuyo objetivo es monitorizar longitudinalmente a pacientes en condiciones reales, con datos en tiempo real de pacientes y familiares (cuidadores). "Realmente es identificar posibles casos graves, facilitar contacto casos graves preservando privacidad, generar información y conocimiento para toma de decisiones, intervención y monitorización personalizada según riesgos", explica Barrigón. Las dimensiones que mide, cuenta la psiquiatra, son: depresión, ansiedad, bienestar, consumo de alcohol, de drogas, conducta suicida y autolesiones. Y, en total hay 5 niveles de categorización. El Grado I que es sin psicopatología, grado II es psicopatología y obesidad o diabetes, grado III es riesgo de suicidio moderado o comorbilidad en psicopatología, grado IV es riesgo de suicidio alto y grado V es necesidad de intervención.

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Para Barrigón, MeMind plantea ventajas como la utilidad de los smarthphones para lograr un cribado poblacional, la aceptabilidad entre la población joven, la utilidad para la planificación de los servicios o la integración con las intervenciones que pueden llegar a ser, incluso, personalizadas, es decir, ser un punto de alarma para que un gestor de casos pueda contactar con las personas.

No obstante, la psiquiatra considera que hay que tener precaución, ya que hay una parte de la población no usuaria de tecnología y que, por tanto, no accede a estas herramientas.

Por su parte, Alejandro Porras Segovia, investigador clínico en el Instituto de Investigación Sanitaria de la Fundación Jiménez Díaz, ha presentado el proyecto SmartCrisis 2.0 durante su ponencia sobre el "uso de smartphones para el screening poblacional en salud mental". Este proyecto es sucesor de SmartCrisis, un estudio multicéntrico internacional en España y Francia, que se centraba en la monitorización de síntomas mediante smartphones en pacientes con antecedentes de conducta suicida mediante preguntas diarias sobre: ideas de muerte, sueño, apetito o pensamientos negativos. "Estas conductas disminuyeron durante el confinamiento. Llama la atención de que, en un aislamiento social, esto disminuya", destaca Porras, "durante las guerras el comportamiento suicida disminuye, porque la gente está preocupada por sobrevivir. Cuando cesa el conflicto, en la posguerra, todas las secuelas vuelven y llegan incluso a incrementarse los datos de suicidio", añade.

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Porras ha comentado que ahora con SmartCrisis 2.0 utilizan EMA (Ecological Momentary Assessment) y EMI (Ecological Momentary Intervention). Es decir, utilizan una herramienta digital que es un plan de seguridad digital integrado en la aplicación MeMind. En este proceso hay una serie de estrategias diseñadas por el paciente y el clínico para afrontar una crisis suicida: señales de alarma, estrategias de afrontamiento internas, estrategias de afrontamiento externas, contactos con amigos y familiares, contactos con profesionales, hacer el entorno más seguro y razones para vivir. Todos estos elementos se trasladan al medio digital y, además, está personalizarlo. "En esta app, podemos escribir, mandar audios, poner imágenes, cargar su canción favorita", resalta el investigador.

Porras incide en que ahora mismo están en una "fase de pilotaje, estamos reclutando a pacientes en consultas externas y salas de urgencias a pacientes que han tenido recientemente conductas suicidas". Han aceptado, de momento, 28 personas (41% hombres y 59% mujeres).

"Los próximos objetivos son: continuar fase de pilotaje, recabar contenidos y sugerencias de mejora, comienzo del ensayo clínico (enero 2022) y un objetivo a largo plazo sería crear una herramienta útil que pueda implementarse en la práctica clínica y que contribuye y que contribuya a la prevención del suicidio", concluye el investigador.

El último ponente ha sido Rodrigo Carmona Camacho, psiquiatra y coordinador CSM Moncloa, quien ha hablado sobre las nuevas tecnologías en el tratamiento de la patología dual perinatal a través de WOMAP, una investigación que pruebe la viabilidad, aceptabilidad y eficacia de dos enfoques diferentes de tratamiento conductual integral (intervención clínica estandarizada e intervención basada en telefonía inteligente/ordenador) para mujeres embarazas. ¿Por qué? "Porque el uso del tabaco, benzodiacepinas y otras sustancias pueden provocar embarazos ectópicos, bajo peso, parto pretérmino, no solo eso, también hay implicaciones en trastornos de conducta y psiquiátricos futuros", señala Carmona. Este proyecto, en el que las personas participantes mayores de 18 años con positiva a salud mental y sustancias, se realizó a través de la App MeMind.

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Los resultados, según cuenta el psiquiatra, en salud mental han sido que, con la depresión, la terapia telefónica funcionó. "Desde el mes 2 se consiguió una disminución, pero entre App y controles no hubo diferencia", destaca Carmona. Asimismo, puntualiza que, para la ansiedad, la App funcionó peor y para el trauma si que sirvió la App a partir del 2 mes. En cambio, los resultados en relación con las sustancias son diferentes. Con el tabaco y el alcohol, la App y la terapia tuvieron mejoras para las pacientes y, so solo eso, también tuvo un efecto sostenido en el tiempo, es decir, con cierta utilidad. No obstante, Carmona es claro, existen limitaciones como la "posible pérdida de pacientes más graves".

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