¿Qué papel juega el microbioma en el síndrome de vejiga dolorosa? Un tema controvertido pero de actualidad


25-11-2020
Durante la tercera jornada del I Congreso Virtual de la AEU se han celebrado dos sesiones enfocadas en los síntomas del tracto urinario inferior y el síndrome de la vejiga dolorosa
 

En diciembre de 2018 un grupo de profesionales implicados en la atención del pacientes con síntomas del tracto urinario inferior se impusieron a sí mismos una misión, llevar a cabo un correcto diagnóstico y tratamiento de síntomas y, sobre todo, ponerse de acuerdo. Según Carmen González Enguita, jefa del Departamento de Urología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Diaz, "porque se trata de una situación crónica, que merma a calidad de vida de quien la sufre, y que tiene muchas implicaciones pronósticos derivadas de la historia natural de la enfermedad".

El resultado de ese consenso es un documento de la AEU y otras 10 sociedades médicas (con la colaboración de Astellas), `Desviación y Manejo Integral del Paciente STUI´, revisado durante la celebración del I Congreso Virtual de la Asociación Española de Urología. Pedro Blasco, jefe de la Unidad de Urodinámica del Hospital Universitario de Valme de Sevilla, recuerda que hicieron este documento en común, "porque con frecuencia mirábamos al fondo de una galería y no veíamos los cuadros que teníamos alrededor. Nos dimos cuenta de que existía un problema de adherencia terapéutica y que en muchos casos el curso de la patología que estábamos tratando era un curso crónico que no era reconocido por la OMS como tal". Consideraron por tanto que necesitaban dar una forma y una continuidad asistencial. "Creíamos firmemente que el trabajo interdisciplinar mejoraba los resultados y sabíamos que si trabajábamos coordinados podíamos conseguir algo tan importante como que viajara la información y no el paciente".

Decidieron romper los silos, como explica Blasco. "Todos los grupos de trabajo tienen una zona de confort, y debemos salir de ella para dar las mismas soluciones a los mismos problemas. Por ello deberíamos trabajar coordinadamente, desarrollando una continuidad real. Y en definitiva, bajo un mismo paraguas: el del conocimiento. Y de una manera revolucionaria es un documento en el que por fin hablamos del síndrome del tracto urinario en el varón, y en la mujer en el mismo libro".

A este respecto, Gónzalez Enguita aporta que "los cambios siempre nos estresan, y estamos en unos momentos críticos de muchos muchos cambios. Y menos mal que hace dos años nosotros ya estábamos preparados y juntos para trabajar en una manera de atender diferente, cambiando el tipo de comportamiento asistencial que teníamos que ofrecer, y por ende, cambiar incluso el sistema sanitario".

Llegaron el Big Data, la IA, la realidad aumentada, el internet de las cosas y la robótica a gran velocidad. "Y efectivamente nos iba a cambiar la relación con los pacientes", apostilla. "El desafío de las tecnologías de la información y la comunicación nos iba a tumbar si no nos espabilábamos a realizar documentos como el que estamos defendiendo".

Pero sobre todo este texto tiene una clave fundamental en su opinión. "Que está pidiendo que el paciente participe con su experiencia, que sea él el relevante en el proceso asistencial y que le demos la atención más cercana y más personalizada".

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A continuación, la sesión cambia totalmente de tercio para hablar de un tema controvertido y de actualidad: el papel del microbioma en el síndrome de la vejiga dolorosa. El encargado de la ponencia es José Medina Polo, adjunto al Servicio de Urología del Hospital 12 de Octubre de Madrid, quien empieza introduciendo el concepto de microbioma. "Sabemos que en el cuerpo hay 100 millones de microorganismos. Si analizamos la relación entre bacterias y células vemos un 10:1 y el organismo humano lleva consigo a 10 elevado a 14 células no propias".

Planteado esto, expone que desde hace 6 o 7 años hay estudios que dicen que la orina no es estéril, es decir, al hacer diferentes cultivos se encuentran varios tipos de bacterias. Eso sí, matiza, "según de donde se analice la muestra, ya sea de la uretra, la vejiga o de fluidos prostáticos, los gérmenes que vamos a encontrar son totalmente distintos".

Al analizamos los diferentes artículos publicados, añade, "solemos encontrar tres términos totalmente distintos: microbiota, metagenoma, y microbioma. El microbiota es el RNA de microorganismos, a diferencia del metagenoma, que incluye todo tipo de genes y genomas. Y el término más completo es el microbioma, que incluye genes, genoma de microbiota pero también proteínas".

Este microbioma hace múltiples cosas: producir neurotransmisores que interaccionan con la pared del urotelio, actuar como comensales contra patógenos, eliminar componentes de los microbianos, ayudar a la defensa o actuar regulando adecuadamente el sistema de barrera. Por tanto, su alteración puede producir enfermedades autoinmunes, disfunciones vesicales y se relaciona con diversas infecciones urinarias, con incontinencias, y con el síndrome de vejiga dolorosa.

Respecto al síndrome doloroso vesical, señala que "es una condición que se define por un dolor persistente y crónico y por otros síntomas que afectan a la calidad de vida. Y muy importante, hay que descartar que haya infección".

Hay estudios que demuestran que el síndrome de vejiga dolorosa tiene relación con alteración del microbioma. Algunos de hace más de 30 años, pero los más modernos hablan de que los pacientes que presentan cistitis intersticial tienen un microbioma alterado, tanto en el de la vejiga como en el del sistema digestivo. "La critica que se le hacen es que toma el chorro medio de la orina, donde el conteo de estas bacterias suele ser bajo y es un número pequeño de pacientes", subraya.

En definitiva, concluye Medina, "sabemos poco y que nos queda mucho por saber. La orina no es estéril, existe una flora bacteriana colonizando en tracto urinario inferior y que tiene implicaciones fisio patológicas. Existen evidencias de que hay diferencias entre los microbiomas de los pacientes sanos y de aquellos con vejiga dolorosa".

Además, "es posible que le estemos atribuyendo a los microorganismos patógenos papeles que no tienen, pero hay estudios in vitro que han demostrado pueden provocar cuadros de dolor que se mantienen". Y a largo plazo, termina, "no sabemos lo que vamos a tener, y esa es la historia que está por escribir".