Sin miedo a los betabloqueantes: dolor y gloria contra la enfermedad cardiovascular


18-11-2020
En los últimos años las guías los han dejado relegados salvo en casos excepcionales, pero en patologías como la insuficiencia cardiaca, estos fármacos disminuyen la morbimortalidad, la hospitalización y alivian los síntomas.
 

El 42º Congreso Nacional Sermergen reunió el pasado 27 de octubre a un grupo de expertos para dialogar sobre el papel de los betabloqueantes en el manejo de la enfermedad cardiovascular. La moderadora del encuentro, Ana Moyá, especialista en Medicina del Trabajo y en Educación Física y Deporte, y miembro de los Grupos de Trabajo de Hipertensión Arterial y Enfermedad Cardiovascular y Dolor de la sociedad de Atención Primaria, recalca el gran interés de la AP con respecto a la insuficiencia cardiaca.

Durante mucho tiempo, los betabloqueantes han sido la terapia mejor valorada para estos pacientes, si bien las guías europeas los han dejado relegados a indicaciones muy específicas, despertando actualmente opiniones en pro y en contra. Pere Beato, médico de familia en Barcelona, presidente de Sermergen Cataluña y miembro del Grupo de Trabajo de Hipertensión Arterial y Enfermedad Cardiovascular, subraya que "en el 2000, la Guía Práctica de la Sociedad Española de Cardiología recogía que los tratamientos que se tenían que prescribir para la hipertensión eran los diuréticos y los betabloqueantes. Para situaciones determinadas, recomendaba los calcio antagonistas, los IECAs, o los alfabloqueantes".

Sin embargo, agrega, las publicaciones de 2018 priman los IECAs, los calcio antagonistas o los diuréticos, "y relega a un segundo término a los betabloqueantes", considerándolos como fármacos para utilizar en casos de hipertensión resistente, cuando hay angina de pecho, insuficiencia cardiaca, después de un infarto de miocardio o cuando el paciente presente fibrilación auricular rápida. "Es como Lo que el viento se llevó, parece que a los betabloqueantes se los hubiera llevado el viento", apostilla. A la hora de que el profesional se decida por un betabloqueante para tratar la insuficiencia cardiaca, Julio Núñez, especialista en Cardiología del Hospital Clínico Universitario de Valencia, sostiene que no hay ningún otro grupo terapéutico que haya demostrado mayor reducción de mortalidad de esta patología, hasta un 30%. La `mala fama´ de estos tratamientos en su opinión son "un ejemplo de cómo ha cambiado la medicina" en unos pocos años.

El papel en Atención Primaria

Con motivo de su participación en la mesa redonda, entrevistamos a Ana Moyà acerca de la relación entre insuficiencia cardiaca y betabloqueantes, aunque primeramente manifiesta que el interés de este webinar fue el de que los participantes "se fuesen con una serie de mensajes muy claros, sobre todo los residentes y los médicos de atención primaria, porque siempre nos viene bien repasar un poquito toda esta materia".

Explica que durante el congreso hubo varias mesas sobre el abordaje de la insuficiencia cardiaca en atención primaria versus cardiología, así como sobre el papel de los betabloqueantes y de insuficiencia cardiaca y diabetes. "Es decir, son tres mesas que nos están hablando de un gran interés por parte de la atención primaria con respecto a la insuficiencia cardiaca, un tema bastante importante". En este sentido, agrega, "cada vez vamos a tener más pacientes con esta enfermedad porque cada vez la población está más envejecida, la gente tiene más factores de riesgo cardiovascular y llegan a la IC por diferentes vías. Por lo tanto, tenemos que estar bien preparados y al día sobre este tema". Por ello, Ana Moyà agradece que Viso apoye la formación en insuficiencia cardiaca de los médicos de Atención Primaria.

A este respecto, comenta que en Atención Primaria existen dos tipos de pacientes: el que debuta con la insuficiencia cardiaca y el que ya presenta esta patología de forma crónica ambulatoria. Por lo tanto, recalca, "debemos de individualizar con cada uno de nuestros pacientes, controlar adecuadamente los factores de riesgo cardiovascular para evitar que lleguen a la IC".

Ahora bien, en el caso de que ya la tengan, "debemos controlarlos para evitar que evolucionen. Tenemos que estar sobre aviso ante una posible desestabilización, aunque el documento de consenso de la Sociedad Española de Cardiología de 2020 ha dejado muy desfasado este concepto". A pesar de las diferentes opiniones y de que los especialistas no se ponen de acuerdo, Moyà tiene su postura muy clara. Considera que el papel de este tipo de fármacos en la IC "disminuye la morbimortalidad, la hospitalización, la frecuencia cardiaca (y por tanto el riesgo cardiovascular), y alivian los síntomas". Del mismo modo, apunta que son antiaterogénicos, antiarrítmicos, antiisquémicos y revierten el remodelado cardiaco, por lo que tienen unas indicaciones muy concretas. "En la fibrilación auricular para disminuir la frecuencia ventricular, en la angina estable, en el post infarto y en la insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida. Precisamente en esta y en la fabricación auricular tienen una indicación de prescripción de clase IA".

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