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El cloruro de decualinio se consolida como la mejor alternativa para tratar las vaginosis bacterianas

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Especialistas en Salud de la Mujer analizan el tratamiento no antibiótico de las vaginosis bacterianas con cloruro de decualinio en el XVII Encuentro Nacional de Salud y Medicina de la Mujer.

Uno de los principales motivos de consulta ginecológica tanto en Atención Primaria como Especializada son las infecciones vaginales. Las más prevalentes son las vaginosis bacterianas, que representan aproximadamente un 40% de todas las infecciones que alteran la vagina, afectan a mujeres jóvenes en edad fértil y están ligadas, sobre todo, a factores sexuales como coitos frecuentes y diferentes parejas sexuales, pero también al no uso de preservativo, a ropas interiores sintéticas, siendo más frecuentes en personas inmunodeprimidas con patologías de base. De ahí, la importancia de diagnosticarlas y tratarlas de una forma adecuada.

“Los ginecólogos somos conscientes de su importancia porque es un motivo de consulta frecuente, y aunque no presenten síntomas urgentes como prurito, inflamación o eritema que sí se dan en tricomoniasis o candidiasis, es una patología muy molesta para la paciente que sí presenta leucorrea, un aumento del flujo vaginal con cambios en su consistencia y mal olor”, ha señalado la Dra. Verónica Sobrino, del servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Universitario Infanta Leonor, durante la mesa Tratamiento no antibiótico de la vaginosis bacteriana con cloruro de decualinio, celebrada en el marco del XVII Encuentro Nacional de Salud y Medicina de la Mujer (SAMEM 17).

Según la Dra. Sobrino, “muchas mujeres incluso no consultan por no presentar síntomas, aunque, cuando les preguntas, sí reconocen aumento de flujo y mal olor. Hay que explicarles, entonces, que no es falta de higiene o una infección de transmisión sexual sino que se trata de un desequilibrio de la flora vaginal, que tiene un tratamiento sencillo que puede mejorarles mucho la calidad de vida”.

Frente a los tratamientos antibióticos tradicionales, los ginecólogos han incorporado a su arsenal terapéutico una alternativa eficaz con un alto nivel de evidencia científica, el cloruro de decualinio, comercializado como Fluomizin® 10 mg comprimidos vaginales, un nuevo fármaco no antibiótico, con actividad bactericida rápida y un amplio espectro de acción, que incluye bacterias anaerobias, aerobias Gram+ y Gram-, hongos y protozoos.

Y es que, según ha explicado la Dra. Sobrino, “desde que se descubrió la microbiota vaginal, el concepto de vaginosis ha evolucionado. Al principio se creía que era una enfermedad monomicrobiana causada por Gardnerella, pero hoy se sabe que es una alteración de los lactobacilos de la flora vaginal y un sobrecrecimiento de patógenos, no sólo Gardnerella, sino también E.coli, Mobiluncus y Atopobium, éste último resistente a metronidazol, un tratamiento antibiótico tradicional para tratar las vaginosis bacterianas, y una de las causas de las recidivas postratamiento”.

El cloruro de decualinio, al no ser un tratamiento antibiótico sino un antiséptico local con una alta potencia antimicrobiana y una actividad bactericida rápida, “reduce la sintomatología a las 24-72 horas tras su administración, permite una mejor recuperación de la flora vaginal y tiene una menor tasa de candidiasis vulvovaginal postratamiento comparado con el tratamiento de referencia, la clindamicina”, ha destacado la Dra. Sara Cruz, del servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, ponente de la mesa.

Debido a su mecanismo de acción inespecífico, basado en un aumento de la permeabilidad celular y su posterior pérdida de la actividad enzimática y muerte celular, no se han reportado resistencias adquiridas al tratamiento, lo que, a juicio de la Dra. Cruz, “junto al espectro de acción muy amplio y su efectividad frente a los patógenos vaginales más frecuentes, permite a los ginecólogos un mayor uso de este fármaco”. 

La tolerabilidad es muy buena por parte de las pacientes, incluso en el embarazo y la lactancia, debido a su efecto local a nivel vaginal con una absorción sistémica insignificante, lo cual, apunta la Dra. Cruz, evita que haya reacciones adversas sistémicas. Los estudios clínicos y la experiencia clínica postcomercialización en otros países no han mostrado ningún efecto adverso en el embarazo ni en la salud del feto o el recién nacido.

A este respecto, la Dra. Sobrino ha recordado que aunque las vaginosis bacterianas durante el embarazo sean asintomáticas, conviene tratarlas porque se han asociado a complicaciones ginecológicas como cervicitis, enfermedad inflamatoria pélvica, es un factor favorecedor de contraer otras infecciones de transmisión sexual como VIH, sífilis o gonococo, riesgo de parto pretérmino, aborto tardío o menor peso en los recién nacidos. 

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